Todos los años, el primer sábado de mayo, el Seminario Mayor de San Fulgencio celebra la fiesta de su Patrona María Reina de los Corazones, en conmemoración de la solemne coronación de la imagen actual de La Señora por el Sr. Obispo de la Diócesis, D. Ramón Sanahuja y Marcé, celebrada el 5 de Mayo de 1951.
Consagración a La Señora En este día de fiesta, los seminaristas que en su primer año se han incorporado al Seminario, en un solemne acto y siguiendo una antiquísima tradición, realizan un acto de consagración a María como muestra de su amor filial. Al mismo tiempo el resto de los seminaristas y sacerdotes asistentes renuevan la consagración que ya hicieron en su tiempo en los inicios de su vocación sacerdotal. |
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Imposición de la Medalla de La Virgen
Una vez que se han consagrado a María Reina de los Corazones, el Obispo impone a cada uno de los seminaristas la Medalla de la Virgen. |
Los Nombres en el Corazón de La Señora
Durante años y años los nombres de los seminaristas escritos en un minúsculo papel son introducidos en el Corazón que la Señora lleva en su pecho. Todos los sacerdotes de nuestra Diócesis están en el Corazón de la Señora. |
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El día 24 de Marzo de 1911 (Vigilia de la Fiesta de la Encarnación), el Sr. Obispo de la Diócesis, D. Vicente Alonso y Salgado, bendice y entroniza la (1ª) imagen de María Reina de los Corazones, en el Seminario de San Fulgencio de Murcia: «Que la Santísima Virgen derrame sus bendiciones sobre el Seminario, para que su reino sobre los corazones de los seminaristas y de todo el clero de la Diócesis se extienda y arraigue profundamente. Te pedimos, oh María, nos sirvas de ejemplo y nos acompañes en el camino».
Desde esa fecha la Santísima Virgen preside y alienta los corazones de niños y jóvenes que un día llegarán al sacerdocio y, esta Señora, será la que acompañará a las generaciones de sacerdotes repartidos por toda la Diócesis.
Los seminaristas se consagraban a Ella, en la fiesta de La Señora, último domingo de Mayo. La Reina de los Corazones ocupaba su pequeña capilla en el centro de la escalera principal, y bajaba al crucero del primer andén durante su fiesta, donde recibía el homenaje fervoroso de cada uno de los seminaristas.
Esta fiesta de La Señora coincidía con la despedida del curso, que venía a representar la marcha o el adiós de despedida de los seminaristas después de todo un año dedicados a la piedad y al estudio.
La velada del 25 de marzo de 1911, en la entronización, intervinieron: D. Mariano Sanz Barrera, Prefecto de Estudios; el P. Leonardo Bañeras O.P., y los alumnos: José Márquez de León, alumno de Teología; Fortunato Arias Sánchez, alumno de Filosofía y Miguel Hellín Navarro y Juan Sáez Hurtado, alumnos de Latín y Humanidades.
El sábado 5 de Mayo de 1951, María Reina de los Corazones fue coronada (3ª Imagen, la actual) por el Sr. Obispo D. ramón Sanahuja y Marcé.
Sobre el pecho lleva La Señora un corazón de oro y dentro el nombre de todos los seminaristas y sacerdotes.
El Papa Pío XII, dio de Nuestra Señora: “María, Madre del Eterno Sacerdote, Madre de todos los sacerdotes y Madre de todo lo sacerdotal”.
¡Oh Sabiduría eterna y encarnada!
¡Oh amable y adorable Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre,
Hijo único del Padre Eterno y de María, siempre Virgen!
Os doy las gracias porque os habéis anonadado tomando la forma de un esclavo.
Os alabo y glorifico porque os habéis sometido a María, vuestra Santa Madre, en todo, a fin de hacerme por Ella vuestro fiel esclavo. Pero yo, consciente de mi pobreza y debilidad recurro a la intercesión de vuestra Santísima Madre.
Os saludo, pues, ¡oh María Inmaculada! tabernáculo viviente de la Divinidad
Os saludo, ¡oh Reina del cielo y de la tierra
Os saludo, ¡oh refugio seguro de los pecadores! cuya misericordia no falta a nadie; escuchad los deseos que tengo de la divina Sabiduría,
y recibid para ello los votos que mi alma os presenta:
Yo, N..., renuevo y ratifico en vuestras manos los votos de mi bautismo.
Renuncio para siempre a Satanás y a sus obras,
y me entrego enteramente a Jesucristo, la Sabiduría encarnada,
para llevar mi cruz tras Él todos los días de mi vida.
Y a fin de que le sea más fiel, os escojo hoy, ¡oh María!,
en presencia de toda la corte celestial, por mi Madre y mi Señora.
Os entrego y consagro en calidad de esclavo
mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores,
y aun el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras,
otorgándoos un entero y pleno derecho de disponer de mí y de todo lo que me pertenece, sin excepción, a vuestro agrado,
a la mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad.
Recibid, ¡oh Virgen benignísima!, esta pequeña ofrenda de mi esclavitud
en acción de gracias por los privilegios con que os dotó la Santísima Trinidad.
En adelante quiero, como verdadero esclavo vuestro,
procurar vuestra honra y obedeceros en todo.
¡Oh Madre admirable!, presentadme a vuestro querido Hijo
en calidad de eterno esclavo,
a fin de que como me rescató por Vos, me reciba de vuestras manos.
¡Oh Madre de misericordia!, hacedme la gracia
de alcanzarme la verdadera sabiduría de Dios
y de colocarme a este efecto en el número de los que amáis,
enseñáis, guiáis, alimentáis y protegéis como hijos y esclavos vuestros.
¡Oh Virgen fiel!, hacedme en todo tan perfecto discípulo,
imitador y esclavo de la Sabiduría encarnada, Jesucristo, vuestro Hijo,
que por vuestra intercesión y a ejemplo vuestro,
llegue, a imitación vuestra, a la plenitud de la perfección
sobre la tierra y de la gloria en los cielos. Amén.

A tus plantas postrado en este día
llena el alma de santo fervor,
por tu esclavo me ofrezco, María,
pues servirte es mi gloria mayor.
Oh, Reina y Señora,
Tu amparo imploramos
Y amor te juramos,
Al pie de tu altar.
Queremos que triunfen,
tus blancos pendones
y en los corazones,
venid a reinar.
Venid a esta Reina,
del alma es contento,
del pecho sediento,
es fuente de amor.
Su nombre en las penas,
alivia el quebranto
y es bálsamo santo,
que endulza el dolor.
Reina de Los Corazones

A tus plantas los hijos predilectos
cantamos en unísono latir:
Salve, Reina del cielo y de la tierra,
de todo el universo Emperatriz.
Queremos ser esclavos de tu Reino,
que es de Cristo Jesús, nuestra heredad.
Nuestro lema es vivir para ser tuyos,
nuestra ilusión tus glorias pregonar.
Perenne luminaria, que alumbras el camino
hacia la cumbre santa de una cruz y un altar.
Llevamos en el alma el sello de elegidos.
Nunca permitas, Madre, que se pueda borrar.
Reina del Seminario Fulgentino,
troquel del corazón sacerdotal.
Por ti, conquistaremos a las almas,
en ti, descansará nuestro ideal.
Y tu imagen de Reina y Señora,
tu corona, tu cetro, tu beldad.
Y el Corazón, que guarda nuestros nombres,
en nosotros jamás se borrarán.
(Himno rescatado por D. Francisco Marín Villagordo, pbro.)




