VIA CRUCIS VOCACIONAL

 Oración inicial

 
 
V/ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R/ Amén.
 
Señor, vengo a acompañarte, paso a paso, hasta la cumbre del Calvario. Enséñame a seguirte hoy con paso nuevo. Recuérdame que Tú siempre vienes conmigo. No quites nada del peso de mi cruz. Con ella en los hombros hoy te vuelvo a decir que sí. Que no vacile mi decisión de seguirte hasta el final. Vengo a pedirte que tu Pasión y tu Muerte sean cada día más fecundas. Aumenta el número de almas que carguen con su cruz y te sigan, y que sepan morir en ella. Señor, dueño de la mies, que los que hoy sienten tu llamada, tengan amor suficiente para dejarlo todo. Sólo así podrán inundar de luz a los hombres.
 
 
Oremos.
 
Dios y Padre nuestro,
que la luz de tu gracia
ilumine nuestra contemplación
y nuestra oración
al recorrer las estaciones
del camino de la cruz de tu Hijo;
concédenos fortaleza
para saber avanzar siempre
tras las huellas de Jesucristo.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

 

 

Primera Estación
 
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
 
 
 
V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
Te veo, Señor, ante el gentío. Un gentío sediento de tus palabras... Y engañado. Igual que hoy... Los hombres, tantas veces, siguen repitiendo “crucifícale”... Y yo he sentido sobre mi rostro la vergüenza de su condena, de su incomprensión y de su desprecio. Y he sentido tus espinas, tus azotes, los insultos en mi carne y en mi corazón. Gracias, Señor. Gracias por escogerme para seguir tus mismos pasos. Esa multitud continúa sedienta de tu verdad y de tu amor. Que haya personas que quieran decidirse a ser despreciados y condenados por aquellos mismos a los que quieren salvar. Que tengan bastante fe para ver en tu llamada el más grande honor.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Segunda Estación
 
JESÚS CARGA CON LA CRUZ
 
 
 
V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
Te contemplo, Señor, emprendiendo el largo camino hacia el Calvario, cargado con tu cruz, aplastado por ella. Tu decisión es inmutable. Haz crecer, Señor, el número de los que quieran seguirte. Que tomen alegres su cruz cada día y te sigan, sin desmayar. Que comprendan lo que supone ir tras de ti, cargados de amor, dispuestos a todo. Que te bendigan cuando se vean despreciados por los demás, como Tú; condenados por los demás, como Tú. Y a los que están ya en el camino, dales la perseverancia para llegar hasta el final. Que nunca piensen que ya hicieron bastante.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Tercera Estación
 
CAE JESÚS POR PRIMERA VEZ
 
 
 
V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
Comprendo, Señor, el tremendo peso de nuestros desprecios. Contemplo, Señor, las cruces pesadas de tantos hermanos. Mueve, Señor, el corazón de muchos con la urgencia de tu llamada. Que cada año haya muchos más que quieran consagrarse a salvar a los demás de su pecado y de su amargura. Que nada haga desmayar a los que un día se pusieron a seguirte. Ayúdales a no caer por el camino. Que nuestras caídas sean siempre una razón mayor para levantarnos con ánimo nuevo y servirte mejor.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Cuarta Estación
 
JESÚS ENCUENTRA A MARÍA,
SU SANTÍSIMA MADRE
 
 
V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
A unos pasos, confundida entre la gente, está tu Madre. Ella, con dolor, sabe que tiene que ser así, que es bueno que sea así. Su mirada desgarrada de Madre, te reconforta. Y tú, Jesús, sigues. Alienta, Madre, a los que con su cruz siguen a tu Hijo día tras día. Míralos con amor en la calle de la amargura. Que esa mirada y ese amor tuyos sean nuestro estímulo para seguir hasta el final. Anima a los que empiezan. Sostén a los que siguen. Tú, la Madre del Apóstol, reconforta el camino de los llamados a ser apóstoles.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Quinta Estación
 
SIMÓN DE CIRENE AYUDA A LLEVAR
LA CRUZ DE JESÚS
 
 
V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
Los soldados romanos obligan al Cirineo a agarrar la cruz. Quizás sin ganas, pero accede. También yo me resistí. También me costó seguirte. Pero también, ahora más que nunca, quiero aliviarte, ayudarte a llevar la cruz de la salvación, la cruz de los demás. Suscita, Señor, muchos Cirineos en el mundo de hoy que quieran gozosos llevar un poco la cruz de los demás. Que quieran, siempre, cargar con lo menos agradable. Mueve el corazón de tantos jóvenes generosos, para que descubran la belleza de dejar sus planes y sus proyectos humanos, y ayuden así a cargar con la cruz de los demás.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.
 
 

                                                            Sexta Estación

 

LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS
 
 
 
V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
Gracias, Verónica, por tu lección de valentía. Te veo atravesar la muchedumbre, arriesgarte a la ira y al insulto de los soldados, arrodillarte ante el Maestro para limpiar su rostro ensangrentado. Te admiro, mujer. Porque con frecuencia yo me callo cuando debo hablar, o falseo la verdad mutilándola. Y siempre por cobardía y falta de amor. No sé dar la cara por Ti. Jesús, llena de valentía a los cristianos de hoy. Que vean y sepan lo grande que es serte fiel. Que se atrevan a dar la cara por Ti. Que den el paso valiente de seguirte en tu camino.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Séptima Estación
 
CAE JESÚS POR SEGUNDA VEZ
 
 
 
V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
Señor, concede tu gracia a los que en este momento cargan con su cruz por primera vez, llenos de entusiasmo. Confirma a los que tienen el peligro de perder ese entusiasmo, porque ya cayeron varias veces, y piensan que es difícil o imposible seguirte. Sobre todo, haz, Señor, que ninguno de los tuyos se quede a mitad del camino. Fortalece a los sacerdotes que caen, da vigor y perseverancia a los que están formándose en los seminarios. Da fuerza y esperanza a los que Tú has llamado a tu servicio y han caído, se han desanimado. Levántanos Señor y volveremos a seguirte.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Octava Estación
 
JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN
 
 
 
V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
Te salen ahora al encuentro unas buenas mujeres que sufren contigo. “No lloréis por mí”, les dices, “llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque, si hacen esto con el leño verde, ¿qué será con el seco?”. Comprendo, Señor. Hay algo más que gemir y llorar. Hay que poner la mano en el arado y no mirar atrás. No hay tiempo para lamentaciones estériles. Señor, sabemos que somos leña seca que se dobla y se rompe con las pruebas más pequeñas. Fortalécenos Tú, que has llevado con dignidad y fuerza el peso de la cruz. Que sean muchos los que entreguen toda su vida a superar con su amor y generosidad el odio y el egoísmo del mundo.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Novena Estación
 
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
 
 
 
V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
Te falta poco para llegar. Te pesa el camino recorrido y lo que falta se te hace mucho más largo. Pero te levantas. Y vuelves a coger la cruz, que cada vez pesa más. Con paso lento, muy lento, sigues subiendo, ansioso de redención. ¡Cuántas veces creemos que lo tenemos todo hecho y permanecemos en una rutina de muerte, cuando nos faltan los pasos más importantes! Danos fidelidad. Aunque veamos muy lejana la cima a pesar de estar cerca. Aunque a veces la perdemos de vista. Libéranos del estancamiento en nuestros defectos y caídas.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Décima Estación
 
DESPOJAN A JESÚS DE SUS VESTIDURAS
 
 
 
V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
¡Señor, qué misterio éste de tu despojo absoluto! Cuando, a veces, nos despojan también a nosotros de nuestra reputación, de nuestros amigos, de nuestros apegos, no dejes que perdamos la paz. Enséñanos a desprendernos de nuestras costumbres, de nuestras comodidades, de nuestros puntos de vista, de nuestros proyectos personales. Señor, llama a muchos jóvenes para que te sigan dándolo todo, sin escatimar nada. Enamora el corazón de muchos para que te sigan en un camino de pureza y de obediencia a la voluntad del Padre.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Undécima Estación
 
JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ
 
 
 
V./ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R./ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
Gracias, Señor, porque sigues llamando a muchos a ser tus sacerdotes, a ser tus colaboradores, a ser tus manos que bendicen, a ser tus pies que caminan al encuentro del necesitado y abatido. Perdónanos, porque a veces hemos caído en la estúpida vanidad de considerarnos mejores que los demás. Si han clavado tus manos y tus pies, nosotros seremos tus manos que continúan haciendo el bien, nosotros seremos tus pies que irán al encuentro de los pequeños y de los pobres. Alienta a los que en estos momentos sienten en sí esta misma llamada a ser como Tú. Dales decisión. Infúndeles valor para la respuesta generosa. Enamórales de tu cruz. Que vean lo hermoso que es dejarse clavar contigo.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Duodécima Estación
 
JESÚS MUERE EN LA CRUZ
 
 
 
V./ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R./ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
Contemplo, Señor, tu cuerpo confundido con la misma cruz. Privado de amor y de consuelo, mueres sobre ella. Y en medio del silencio grande de mi alma, oigo tus últimas palabras, y ¡qué palabras!: Tengo sed... Padre perdónales... Todo está cumplido. Penetra con tus palabras a los que un día oyeron y siguieron tu voz. Transfórmalos, dales el valor de darlo todo por el Reino de tu Padre. Que sean muchos, Señor, los que estén dispuestos a morir a sí mismos, a sus intereses y comodidades, para triunfar contigo en la cruz.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Decimotercera Estación
 
EL CUERPO DE JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ
Y ENTREGADO A SU MADRE
 
 
V./ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R./ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
Madre, contemplo en tus brazos el cuerpo sin vida de Jesús. Estás tan llena de dolor como de paz. Ésta es la voluntad del Padre. No hay nada más que añadir. Te doy gracias, María, por las madres que saben entregarte a sus hijos, que saben entregarlos para servir a tu Hijo. Danos, Señor, muchos padres que sepan entregar a sus hijos a Dios. Que canten tus alabanzas en la separación y en el sacrificio. Que acompañen a sus hijos sacerdotes por el sendero hacia Ti. Que alaben tu santo nombre cuando ellos, por tu causa, sean perseguidos, odiados o martirizados. Madre, que no queden ya padres cristianos que se opongan, que sean obstáculo a la vocación de sus hijos.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Decimocuarta Estación
 
DAN SEPULTURA AL CUERPO DE JESÚS
 
 
 
V./ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R./ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
 
Te entierran, Señor. ¿Cabe mayor fracaso humano? Quiero comprender esta consecuencia del “Sí” que un día te di: la certeza de aparecer como un fracasado ante el mundo y sus criterios. Ayúdanos Señor a entender que seguirte es también morir a nosotros mismos, y aparecer como unos fracasados ante los ojos del mundo. Ayúdanos a cumplir tus llamadas, hasta el final, con perseverancia y esperanza. Sabemos, Señor, que en el sepulcro no se acaba la vida. Ayúdanos a tener viva la esperanza en el corazón nuestro y de los hermanos, a quienes nos llamas evangelizar.
 
V./ Señor, pequé.
R./ Ten piedad y misericordia de mí.
" Toda la comunidad cristiana tiene el deber de fomentar las vocaciones, y debe procurarlo, ante todo, con una vida plenamente cristiana; para ello ayudarán tanto las familias que, animadas por el espíritu de fe, amor y piedad, llegan a constituirse en el primer seminario, como las parroquias llenas de vida en las que toman parte los mismos jóvenes. (Concilio Vaticano II, Optatam Totius, n.2) "
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