Como ya os anunciamos nos fuimos de campamento con los chavales del Seminario Menor y con otros muchos chavales. Asistieron más de 90 niños que fueron magníficamente acompañados por 25 monitores, la mayor parte de ellos seminaristas del Seminario Mayor.
Todos los que participamos de estos días guardamos un recuerdo agradable. Fueron días muy intensos en los que hubo tiempo para muchísimas actividades.
La piscina estuvo este año especial, limpia y fresca. Nunca apetecía salir del agua. Había algunos que parecían peces, más que niños, no había modo de sacarlos de allí.
Los más mayores tuvieron la oportunidad de conocer mejor los alrededores del campamento con la marcha hacia el cerro de Moratalla la Vieja. Desde la cima de la muela se contempla una vista impresionante. Valía la pena el esfuerzo por subir cuando pudimos ver al sol ponerse desde esa privilegiada atalaya.
Junto con los más pequeños pudimos recorrer los alrededores del Río Moratalla, que pasa muy cerca del campamento. Fue un paseo corto pero amenizado con juegos que Juan Carlos nos había preparado.
Un día bonito también fue el de la feria. Cada uno tenía billetes para gastarlos en lo que quisiera. Podía ganar más o perderlos, según le fuera. Lo mejor de todo fue el toro mecánico, sin duda.
La barbacoa de la última noche también merece una mención especial. Aunque las brasas no estuvieron a la altura de las circunstancias y la carne se hizo esperar, sin embargo Samuel se encargó de que no decayera el ánimo en la espera. Comer comimos, pero también nos reimos un rato.
Y por último lo del final, el día de los padres. Primero y más importante, la Eucaristía en la pinada. El Señor siempre estuvo presente en el campamento en la Misa de cada día, pero ésta fue especial, era domingo, celebramos S. Pedro y S. Pablo y la pudimos compartir con todas las familias. El Rector aprovechó la ocasión para deicrle a los padres que nunca tengan miedo si Dios quiere llamar a uno de sus hijos.
Y después la comida, la entrega de diplomas, el video que nos preparó Samuel.