ORDENACIÓN DE CINCO NUEVOS PRESBÍTEROS
07/07/2009

El arzobispo de Granada, Mons. Francisco Javier Martínez, ordenó el pasado sábado 4 de julio, a cinco nuevos sacerdotes de nuestra diócesis de Cartagena. La celebración tuvo lugar en la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Molina de Segura, que a las once de la mañana ya estaba completamente llena, entre el centenar de presbíteros que concelebraron y la gran multitud de fieles que asistió a este acto. Los nuevos ordenados, formados en el Seminario Mayor San Fulgencio de Murcia son: Patrocinio Imperial García, de Molina de Segura; Mariano Cañavate Boluda, de la parroquia de San Miguel de Mula; José López Martínez, de la parroquia de Ntra. Sra. de la Salceda de las Torres de Cotillas; Pánfilo Ndong Ondó Nchama y Salomón Abaga Ovono, de Guinea. Acompañaron en el altar al arzobispo de Granada nuestro Administrador Apostólico, D. Miguel Ángel Cárceles y el Rector del Seminario, D. Javier Crespo.
 

Mons. Martínez centró su homilía en dos pilares fundamentales en el ministerio sacerdotal: la confesión y la Eucaristía. Manifestó la necesidad del ser humano de la misericordia divina y quiso contagiar a los presentes de la grandeza que supone para un sacerdote colaborar con Cristo en esta obra de redención. De igual modo, habló del Sacramento Eucarístico como verdadero alimento para el alma, animando a los sacerdotes a que las palabras que pronuncian en la consagración no se queden únicamente en esos instantes de la misa, sino que los lleven en su corazón de forma permanente, y den testimonio de ello con su propia vida.

El arzobispo de Granada animó a los nuevos presbíteros a confiar en la gracia divina; a no pensar que el sacerdocio es una misión demasiado grande para un hombre, pues es Dios quien actúa a través de ellos. “No sois vosotros los que estáis haciendo algo por el Señor, es el Señor el que lo está haciendo por vosotros”- apuntó.

Este sucesor de los Apóstoles dedicó también unas palabras a los familiares de los ordenados. Les agradeció su generosidad y remarcó que “no pierden nada”, pues “Dios nunca se deja ganar en generosidad”. Afirmó que “no hay mayor paternidad que la de la gran familia de la Iglesia”. Aseguró a los familiares que, a pesar de que el día de mañana puedan encontrarse lejos, estarán mucho más cerca de su corazón, que de cualquier otra forma, pues no hay mayor unión que la que se consigue a través de la oración.

Una mañana de gloria, la del pasado 4 de julio. En este primer sábado de mes, día especial de la Santísima Virgen, Nuestra Madre del Cielo derramaría toda una lluvia de gracias sobre estos nuevos sacerdotes, acogiéndoles bajo su manto y abrazándoles con su Corazón maternal. Encomendemos a María a estas cinco almas del Señor, para que Ella tome sus corazones y, con la ayuda del Espíritu Santo, los asemeje cada día más al de su Divino Hijo.

" Toda la comunidad cristiana tiene el deber de fomentar las vocaciones, y debe procurarlo, ante todo, con una vida plenamente cristiana; para ello ayudarán tanto las familias que, animadas por el espíritu de fe, amor y piedad, llegan a constituirse en el primer seminario, como las parroquias llenas de vida en las que toman parte los mismos jóvenes. (Concilio Vaticano II, Optatam Totius, n.2) "
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