ACTIVIDAD PASTORAL EN LA RESIDENCIA DE ANCIANOS N.S. DE FÁTIMA
Pedro y Jose Miguel nos cuentan su experiencia con los ancianos
03/03/2010

Nuestros formadores dispusieron a comienzos de curso que realizáramos este año nuestra pastoral en Molina de Segura, concretamente en la Residencia de Nuestra Señora de Fátima. Los que acudimos a esta pastoral somos Pedro Sandoval Pastor (2º curso) y José Miguel Cavas López (1er curso).  La mayoría de los ancianos y enfermos que visitamos son enfermos de Alzheimer. Intentamos hacerles la tarde un poco diferente al resto, y lo hacemos escuchando sus historias, hablando con ellos de lo que hacemos en el Seminario, de Jesús, del Cielo,… siempre adaptado a lo que unas personas enfermas pueden comprender. También les damos de cenar, después de lo cual regresamos al Seminario a continuar con nuestras tareas. Es una experiencia muy enriquecedora, pues aunque parezca mentira, cada viernes es distinto de los demás, pues siempre nos ocurren anécdotas diferentes, y cada anciano tiene sus ocurrencias particulares, todas ellas muy simpáticas.

         Una de las anécdotas más graciosas fue la que nos ocurrió el primer día, en el que estuvimos hablando con una de las ancianas. Al rato, fuimos a ver a otros ancianos, y cuando volvimos para despedirnos de ella, nos dijo literalmente: “Nenes, ¿por qué me miráis? ¿Es qué me conocéis de algo?” Otra experiencia muy bonita fue aquella en la que, hablando con una monja residente con Alzheimer, la cual nunca responde a nuestras preguntas de forma coherente, ese día le preguntamos: “¿Cómo será el cielo?” En ese momento, le cambió totalmente la expresión de la cara, y sonriendo nos dijo: “Muy hermoso.”

      Tratando con estos ancianos, nos hemos dado cuenta de que Dios no abandona nunca a sus criaturas, ni siquiera en la enfermedad o en la ancianidad porque Dios les muestra su amor por medio de la entrega total de las monjas que los cuidan, ayudadas por enfermeras y auxiliares, que también les muestran su amor y su cariño, y por algunos familiares de los propios residentes, que pasan allí muchas tardes, ayudando a las hermanas en todo lo que pueden.

      Personalmente, todo esto nos hace mucho bien tanto a los residentes como a nosotros, los seminaristas. Para ellos, recibir nuestra visita les hace salir un poco de la rutina diaria. A nosotros nos ayuda a desarrollar una mayor cercanía con la gente, que es a lo que se dedica entre otras cosas el sacerdote. De esta manera, nos preparamos para el futuro, desarrollando lo que sería la dimensión pastoral de la formación del seminarista. También nos ayuda a ejercer la virtud teologal de la caridad, que nos sirve ahora y para el día de mañana, en el que tendremos que practicar la caridad con todo el mundo, si de verdad queremos ser buenos y cristianos y buenos sacerdotes de Nuestro Señor

 
   
   
   
" Toda la comunidad cristiana tiene el deber de fomentar las vocaciones, y debe procurarlo, ante todo, con una vida plenamente cristiana; para ello ayudarán tanto las familias que, animadas por el espíritu de fe, amor y piedad, llegan a constituirse en el primer seminario, como las parroquias llenas de vida en las que toman parte los mismos jóvenes. (Concilio Vaticano II, Optatam Totius, n.2) "
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