Como hemos hecho otros años, también éste hemos querido que nuestros seminaristas menores conocieran a otros muchachos como ellos, que también se están preparando para el sacerdocio. La ventaja que tienen los burgaleses, que los nuestros no tienen todavía, es que ellos disponen de un seminario interno. Los seminaristas menores de Burgos viven en el Seminario, y allí tienen sus clases, conviven durante todo el curso, y vuelven a casa por las vacaciones. Nuestros muchachos se tienen que conformar con convivir un fin de semana cada quince días.
Fuimos muy bien acogidos por los formadores y por los seminaristas de Burgos que nos trataron estupendamente bien. Fue una oportunidad única de convivir con otros muchachos, de compartir experiencias y de ganar amigos que tienen el mismo horizonte sacerdotal en su vida.
Burgos es una ciudad cargada de arte y de historia, así que un fin de semana no da mucho de sí para poder abarcarlo todo, pero los formadores del Seminario Menor San José de Burgos hicieron todo lo posible para que no se nos quedara nada en el tintero.
Conocimos las excavaciones de Atapuerca con lo que tuvimos una visión de conjunto de toda la evolución humana. Estuvimos también en el Monasterio de San Pedro de Cardeña y en la Cartuja de Miraflores.
El sábado por la tarde nos enseñaron la parroquia de Santa Águeda, allí fue bautizado el Hermano Rafael, hoy ya santo canonizado por la Iglesia. Allí conocimos un poco mejor la vida y los escritos de este santo prácticamente contemporáneo nuestro.
También visitamos el castillo, y por supuesto, la Catedral de Burgos.
Y como todo no iba a ser arte acabamos el día con un buen partido de fútbol y una barbacoa con los nuevos amigos.
El domingo ya tocaba volver a Murcia, pero de paso hicimos una visita a las Clarisas de Lerma, que nos contagiaron su felicidad y sus deseos de servir al Señor con alegría.
Un fin de semana intenso que permanecerá en la memoria, seguro, de nuestros chavales.